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Un análisis sobre la situación de los arrendamientos rurales pone de manifiesto que el precio de la tierra y la capacidad financiera para acceder a ella no solo determinan la rentabilidad del sector, sino que configuran el modelo productivo y social del campo argentino.

En una columna de opinión publicada por la Agencia de Noticias Tierra Viva, el ingeniero agrónomo Sergio Toletti advierte que el acceso a la tierra, regulado casi exclusivamente por la capacidad de pago en cada campaña, genera un incentivo perverso para los productores arrendatarios. Según el especialista, cuando un agricultor invierte, incorpora tecnología y mejora sus rindes, ese esfuerzo suele traducirse en un aumento del alquiler para la siguiente negociación, siendo absorbido por el propio sistema en lugar de capitalizarse en la producción.

Esta dinámica empuja a los productores a buscar cada vez mayor escala para diluir costos fijos, exponiéndolos a mayores riesgos financieros y climáticos. Como consecuencia, el mercado prioriza la capacidad de pago a corto plazo sobre la sostenibilidad del suelo, la diversidad productiva y el arraigo de las familias rurales en sus comunidades.

Los arrendamientos rurales no definen solamente quién siembra. Definen qué se siembra, cómo se produce, cuánto se diversifica, cuánto se cuida el suelo y cuántos productores pueden permanecer en el territorio.

Toletti enfatiza que la tierra no debe ser considerada únicamente como un espacio de producción de commodities, sino como un recurso integral que abarca fertilidad, biodiversidad, trabajo y futuro. En ese sentido, advierte que si la rentabilidad solo cierra a partir del valor del alquiler y no desde el bienestar del productor y la salud del territorio, se consolida un esquema cada vez más exigente, inestable y excluyente para el desarrollo rural del país.

Autor: admin